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Hay posibilidades que todavía no puedes ver

Retrato de una mujer joven de pelo castaño corto sobre fondo gris claro.

A veces el problema no está en las opciones que tenemos delante.


Hace unos días pensaba en algo que me ocurre de vez en cuando.

Estoy intentando resolver una situación.

Le doy vueltas.

Pienso una opción.

Luego otra.

Hago una lista mental de pros y contras.

Intento decidir cuál es mejor.

Y, de repente, aparece una posibilidad que hasta entonces ni siquiera había contemplado.


Y lo curioso es que esa posibilidad probablemente ya existía.

Lo que ha cambiado es que ahora soy capaz de verla.

Puede ocurrir después de una conversación.

De leer algo.

De escuchar a alguien que piensa de una manera completamente diferente.

De hacernos una pregunta que nunca nos habíamos hecho.

O simplemente porque nosotros ya no somos exactamente la misma persona que intentó resolver aquello hace unos meses.


Me interesa mucho pensar en esto aplicado a nuestro trabajo.

Porque cuando tenemos que tomar una decisión sobre nuestra marca solemos preguntarnos:

¿Qué debería hacer?

¿Subo mis precios o los mantengo?

¿Acepto este proyecto o digo que no?

¿Contrato a alguien o sigo sola?

¿Necesito tener más visibilidad?

¿Cambio mi identidad?

¿Creo otra línea de producto?


Y entonces empezamos a buscar la respuesta entre las posibilidades que somos capaces de ver.

Pero ¿y si la conversación pudiera empezar un poco antes?

¿Desde dónde estoy mirando esta situación?

Porque nuestra forma de mirar condiciona también aquello que somos capaces de ver.

Nuestra experiencia.

Lo que creemos posible.

Lo que hemos aprendido.

Nuestros miedos.

Nuestros referentes.

Nuestra manera de entender el éxito.

El dinero.

El crecimiento.

El trabajo.

Todo eso participa en nuestra mirada.

Y desde ahí aparecen unas posibilidades...

mientras otras permanecen fuera de nuestro campo de visión.


Por eso últimamente me interesa menos encontrar rápidamente una respuesta y un poco más ampliar la pregunta.

Moverme de lugar.

Buscar otro ángulo.

Preguntarme qué estoy dando por hecho.

Qué opción he descartado sin darme cuenta.

Qué haría si aquello que considero innegociable dejara de serlo durante cinco minutos.

No necesariamente para cambiar de decisión.

Quizá, después de mirar desde todos esos lugares, elija exactamente lo mismo.

Pero habrá una diferencia:

habré podido elegir entre más posibilidades.

Y quizá ahí empiece una forma diferente de tomar decisiones.

Aprendiendo a ver más, en vez de buscar constantemente la respuesta correcta.

Para después poder distinguir qué tiene sentido para nosotros.

¿Cuáles son las posibilidades que todavía no puedes ver?


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