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#D03

Dos espacios, una misma conciencia.
El límite se disuelve.
Todo es expansión.

#D02

Blanco y negro se miran.
La luz atraviesa la sombra
y deja al descubierto su ternura.

#D01

Dos respiraciones que se buscan.
Entre ellas, el hilo del instante.
Nada las separa, salvo la quietud.

#05

El negro contiene todos los colores del alma.
En su profundidad, el tiempo se detiene.
El silencio dibuja su propio mapa.

#04

Un fragmento de cielo en el fondo de la mente.
La oscuridad late.
El vacío se vuelve presencia.

#03

En la superficie quieta, el papel respira.
Las cicatrices se abren como caminos,
recordando que sanar también es crear.

#01

Negro sobre negro.
El pensamiento se disuelve en su propio pulso.
Solo queda la respiración que mira hacia dentro.

#02

Cada punto es una estrella naciendo en el silencio.
El hilo sostiene lo invisible,
como una oración que atraviesa la materia.

Cartografía de la mente meditativa

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Negro sobre negro. Silencio sobre silencio.

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En Chidakasha, Yiyí Gutz —artista y fundadora de Guzt·Studio— transforma la experiencia interior de la meditación en materia tangible.

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Abre una rendija hacia el espacio interior donde todo se disuelve y todo comienza.

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En esta serie trabajando sobre papel explora el espacio donde lo invisible adquiere textura, donde la mente se convierte en territorio. Cada obra es una meditación concreta: un viaje hacia dentro, una instantánea del silencio y del momento presente.

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En la tradición del yoga, Chidakasha se considera el espacio de la conciencia. Al cerrar los ojos y aparece la pantalla mental —a menudo negra, a veces blanca— donde emergen luces, formas y destellos que se transforman constantemente. Un territorio suspendido entre lo visible y lo invisible, donde las formas aparecen como destellos en la oscuridad.

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Esa visión sutil, intangible, es el origen visual y conceptual de la obra.

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Cada obra nace de lo que la artista contempla en su pantalla mental al meditar: un espacio negro, profundo, infinito. Y a veces, las menos, blanco.

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El papel, el acrílico y el hilo se convierten en materia de introspección. Los materiales heredados de la moda se transforman aquí en vehículos de consciencia. Papel, agujas, hilo…

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Cada pieza está compuesta por capas de papel de distintas texturas y gramajes. Combinando lisos, arrugados, troquelados, bordados o pintados. Las intervenciones evocan las capas del pensamiento,

los velos de la mente, las resistencias y los momentos de claridad que emergen al meditar. Capas de papel que se superponen como respiraciones, como pensamientos que pasan.

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Las costuras visibles en zigzag son cicatrices luminosas: la memoria de un pasado que se integra y se sana con cada puntada. Costuras que son cicatrices visibles, huellas de transformación.

Los puntos, pintados o perforados, evocan la constelación de la mente. Una galaxia interior que vibra entre la forma y la disolución.

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El blanco y el negro —únicos protagonistas del color— condensan el paisaje mental de luces y sombras. Cuanto más se profundiza en la meditación, más capas se revelan… o se disuelven.

En la inmensidad del negro, se muestran los diferentes matices del silencio.

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En la fragilidad del papel, sostiene la expansión del espacio interior.

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Chidakasha no pretende representar algo reconocible, sino invitar a la contemplación. Cada obra es un umbral: una cartografía del espacio interior, una invitación a mirar hacia adentro.

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En la aparente quietud de la materia, late un movimiento constante. Sutil, vibrante, silencioso.

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El espacio donde lo invisible toma forma y el vacío se vuelve presencia.

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OM GAM GANAPATAYE NAMAHA

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